LOS ESTUDIOS DE DOCTORADO EN VENEZUELA MODALIDADES Y DOCTORADOS COMPARTIDOS

 José Rafael León Ramos
Coordinador Central de Estudios de Postgrado
Universidad Central de Venezuela

  Introducción Histórica

El primer egresado en Medicina de la primera universidad de Venezuela fundada por Real Cédula en 1721, llamada Real y Pontificia Universidad de Caracas, lo fue el bachiller en Ciencias Médicas José Francisco Molina, en 1785 con el título de Doctor en Ciencias Médicas. Desde entonces diversos profesionales en Medicina, Ingeniería, Derecho y Teología obtuvieron títulos similares en esta Universidad, primero Pontificia y luego, desde 1897, Universidad Central de Venezuela. Entre 1725 y 1812 egresaron 300 “Doctores”: 222 en Teología, 51 en Cánones, 26 en Leyes y 1 incorporado [Álvarez, N].

Las tesis doctorales también fueron establecidas en el Código de Instrucción Pública del 3 de junio de 1897, haciéndose obligatorias a partir de 1900. En el caso de la medicina, una vez finalizados los estudios de pregrado, la presentación de una tesis habilitaba al candidato a recibir su título de Doctor en Medicina y Cirugía, lo cual fue eliminado en 1967.  Las resoluciones 41 y 58 del Consejo Universitario de la Universidad Central de Venezuela, permiten entre 1972 y 1978 la obtención del título de Doctor, en algunas especialidades, con la sola presentación de la tesis, al personal docente y de investigación de esa casa de estudios [Vargas-Arenas, R.].

A partir de 1963 comienza una nueva etapa en la formación doctoral en la Universidad Central, creándose sucesivamente programas de doctorado en las diferentes facultades. La secuencia fue: Ciencias Jurídicas y Políticas y Farmacia 1963; Ingeniería 1973; Ciencias 1976; Ciencias Económicas y Sociales 1978; Centro de Estudios del Desarrollo 1980; Medicina 1983; Agronomía, Humanidades y Educación, Arquitectura y Urbanismo y Ciencias Veterinarias 1984.

En estos últimos años hemos logrado consolidar y ampliar los programas de doctorado que se imparten en la Universidad Central de Venezuela y en el 2003 poseemos 40 cursos de doctorado en los 370 programas de Especialización, Maestría y Doctorado.

 Modalidades

En la década del setenta se comienzan a desarrollar los doctorados presenciales (o tradicionales); con una estructura más o menos igual para todas las disciplinas: se debe aprobar un número determinado de unidades créditos repartidas entre materias obligatorias, materias electivas y seminarios, un examen de suficiencia de una lengua extranjera y finalmente la presentación de una tesis doctoral que indispensablemente debe ser un trabajo original, el cual demuestre que el candidato es capaz de crear conocimiento nuevo en la disciplina. Para autorizar un programa sus promotores debían, en el proyecto de creación, mostrar que el personal docente que se ocuparía del programa poseía líneas de investigación y que desarrollaba, paralelamente a la docencia, tareas de investigación. Otra circunstancia interesante la constituyó la verificación de la originalidad de las tesis. En la mayoría de los programas de la Facultad de Ciencias, para citar un ejemplo que conozco, se establecieron reglas “fuera del reglamento”, que solicitaban: o la evaluación internacional del trabajo por árbitros calificados o la constancia de aceptación por una revista internacional reconocida en el área.

Es importante resaltar también que aquellos doctorados que poseían el mayor número de egresados  fueron los que generalmente estaban enmarcados en áreas con actividad intensa de investigación y con amplias relaciones internacionales.

Un problema complejo lo ha constituido desde el principio la contraposición entre disciplinas científicas o humanísticas y las carreras con vocación profesional. Por ejemplo, en la facultad de Medicina fue relativamente fácil instaurar un Dotorado en Ciencias Fisiológicas, pero resultó mucho más difícil la implementación de un Doctorado en Medicina. En nuestro país los médicos, una vez finalizados sus estudios de pregrado, siguen una formación de Especialista, que los acredita para ejercer en la profesión. Es por ello que con dificultad conseguimos personal médico con deseos de obtener una grado de Magíster o de Doctor.

Otra peculiaridad que debe ser resaltada es la diferencia de concepción entre los doctorados de Ciencias Básicas o Tecnología con respecto a los doctorados en Ciencias Jurídicas o en Humanidades. Por mucho tiempo privaron dos puntos de vistas divergentes: en las Ciencias Básicas se consideraba el Doctorado el primer paso en la formación de un investigador, en las otras disciplinas más bien privaba la idea de que el doctorado debía hacerse en el mejor de los casos en la mitad de la carrera, llegándose a afirmar en ciertos casos extremos     que el doctorado “debería ser la culminación de una carrera académica”. La realidad fue que hubo que resolver muchos conflictos y divergencias para configurar una política de postgrado en nuestra universidad.

A partir del comienzo de los años noventa, una nueva modalidad de doctorado comenzó a ganar adeptos. Me refiero a los programas de doctorado “individualizado”. Concepción que entiende el programa de doctorado diferente para cada individuo que ingrese en el plan. Al comenzar sus estudios el estudiante es asesorado por un comité que decide el programa para su formación. No existen materias fijas, el alumno se ve instado a tomar materias de la oferta de los diversos programas que ofrece la universidad. Además se crea la figura de asignación de créditos que puede ser tanto por la experiencia profesional del candidato como la actividad de investigación o de diseño realizada antes del ingreso al programa. Se privilegia de esta manera para el ingreso a aquellos individuos con una cierta madurez profesional. Dentro de los programas que existen en nuestra universidad los que cumplen con este esquema son: Doctorado de Arquitectura, Doctorado en Ingeniería, Doctorado en Medicina, Doctorado en Ciencias Sociales y Doctorado en Ciencias Agrícolas [Navarro, E].

La Universidad Central de Venezuela ha sido pionera en Venezuela en el establecimiento de este tipo de programas, hemos debido desarrollar una política de difusión intensa para poder aplicar los alcances y significación de estos doctorados.

Podemos resumir las dos modalidades: Para el primer tipo de doctorado tenemos una escolaridad obligatoria, el segundo tipo puede calificarse como de escolaridad variable (o sin escolaridad). La importancia de la formación previa es fundamental para el segundo tipo de doctorados, el primer tipo recibe en su seno a candidatos recién salidos de las aulas de la licenciatura. Por último los doctorados individualizados por su propia naturaleza tienen una vocación más pluridisciplinaria. En la Universidad Central de Venezuela algunos de estos doctorados implican la participación de varias facultades.

Para finalizar esta sección debo referirme a la política de los postgrados integrados puesta en práctica por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONICIT), hoy FONACIT. La misión de este programa es la  de aglutinar los postgrados de una misma disciplina, que existen en el país  para concentrar el financiamiento, permitir la movilidad de estudiantes y desarrollar actividades de intercambio tanto nacionales como internacionales de manera conjunta. Esta iniciativa ha tenido mucho éxito. Con ella se han creado de manera natural redes académicas que permiten la interacción entre diversas instituciones de educación superior. Estableciendo por ejemplo una relación entre universidades menos desarrolladas con instituciones más maduras.

Cooperación Internacional

La experiencia venezolana en cooperación internacional es de larga data. Nuestra actividad científica y tecnológica retoma un nuevo vigor a partir de 1958, al ser creados o redimensionados la Facultad de Ciencias de la Universidad Central de Venezuela y el Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas, aunadas estas iniciativas a la creación de una serie de nuevas carreras humanísticas y de ciencias sociales. Desde esos primeros momentos, muy importantes para desarrollo científico-tecnológico-humanístico ulterior, se comienza una cooperación con diversos países, tanto en el ámbito latinoamericano como con países de otras latitudes.  A partir de los años cuarenta, nuestra Facultad de Humanidades y Educación, recibió una influencia considerable de un grupo destacado de profesores investigadores provenientes del exilio español durante la época franquista. En la década del sesenta tuvimos la venida a nuestro país de científicos y hombres de letras provenientes del cono sur, quienes emigraban de sus países por la situación política que en ellos imperaba. La consolidación de las universidades luego de la dictadura, creó la necesidad de enviar a realizar estudios de postgrado a su personal docente, en Estados Unidos o en Europa, fundamentalmente. Esta relación fue creando vínculos de los investigadores venezolanos con diferentes centros de estudio.

 Una vez establecidos los programas de doctorado en las diferentes disciplinas, las relaciones, previamente establecidas con el mundo académico internacional, servirían de puente para invitar a profesores de otras regiones a compartir sus experiencias con los estudiantes e investigadores de dichos programas.

En la década del setenta se establece el programa de Becas Gran Mariscal de Ayacucho. Esta iniciativa implicó un aumento considerable de las relaciones de cooperación pues muchos de estos becarios, una vez egresados, mantenían relaciones estrechas con sus tutores y centros de formación.

A partir de los años setenta y comienzo de los ochenta comienza una actividad de cooperación mucho más institucional. El gobierno nacional y las universidades establecen convenios de cooperación con diversos países, en particular con los Estados Unidos y Europa. Cabe mencionar la cooperación con Francia diseñada a partir de los convenios CEFI y CNRS-CONICIT. Ambos convenios buscaban establecer, con bases firmes, el intercambio de profesores y de estudiantes, no sólo para estudiar en Francia sino también para recibir estudiantes franceses en nuestros laboratorios. También se buscaba determinar áreas de interés, prestándole atención a la cooperación tecnológica relacionada con la industria petrolera. Los convenios particulares derivados de estos acuerdos evolucionaron hacia fines de  los años noventa, sentando las bases paras los acuerdos de doctorados compartidos o conjuntos. La relación Sur-Sur que motivaba la cooperación con los diversos países de América Latina al inicio avanzó muy despacio, fundamentalmente debido a las dificultades de comunicación. Resulta por ejemplo extraño que Venezuela y Colombia, no hayan mostrado, en sus respectivos desarrollos científico y tecnológico, la cooperación amplia que si se observa en el sector económico e industrial, a pesar de su cercanía. No obstante ello y fruto del regreso de amplios contingentes de investigadores a sus países de origen, luego de la progresiva desaparición de las dictaduras, la cooperación de Venezuela con Argentina, Brasil, Chile y Uruguay fue creciendo y la posibilidad de intercambio de estudiantes y de investigadores se hizo realidad con la puesta en marcha de varios planes de integración latinoamericana. A pesar de estas iniciativas, todavía las relaciones con los países de América Latina son muy restringidas. Se necesitaría un esfuerzo continental para potenciar esta cooperación y al mismo tiempo  promover por parte de nuestros gobiernos la creación de fondos específicos que la sostengan.

La cooperación con Estados Unidos ha estado marcada por lo que creo ha sido una política de Estado de ese país. La National Science Foundation, gran promotora de las relaciones de cooperación entre los científicos, privilegia una relación individual entre pares. Para ser más explícito: se promueve el trabajo conjunto entre parejas de científicos uno de los Estados Unidos y otro del país cooperante. De esta manera se le da más importancia a la relación individual por encima de la relación institucional. Esto constituye una diferencia importante con la política de la Unión Europea. Sin embargo, sería irresponsable afirmar que esta cooperación en el caso de Venezuela no ha dado buenos resultados. Por el contrario, el número de egresados de Postgrado que han culminado sus estudios en Estados Unidos es considerable y la participación de los científicos venezolanos en la cooperación con ese país es de las mayores.

 Postgrados compartidos

Luego de la rica experiencia que constituyó la cooperación durante las décadas de los setenta y ochenta, se comenzó a plantear la necesidad de un cambio en el carácter de la relación. Nuestros postgrados comprendían que habían avanzado lo suficiente como para proponer una relación de cooperación más madura y nuestros correspondientes en el exterior entendían también el avance que habían tenido nuestros programas de doctorado.

Esta reflexión se vio complementada con la puesta en práctica, en los países de la unión europea de programas de doctorado en cotutoría.  Esto significa que el candidato, sea latinoamericano o europeo, desarrolla un trabajo dirigido por dos tutores uno perteneciente a una institución de América Latina y el otro en una Universidad Europea. El estudiante comparte su formación en ambas instituciones, las cuales a su vez firman un convenio específico para  poder otorgar el grado de manera conjunta. Se prevén pasantías en el país que no es el de residencia del estudiante y se conforma el jurado mixto con profesores de las dos instituciones. La tesis se presenta en uno de los dos países, usando como idioma el del país de presentación.

En la Universidad Central de Venezuela esta experiencia se ha venido cumpliendo en varios doctorados. Podemos señalar el Doctorado en Computación, el de Química, el de Matemática, el Doctorado Individualizado en Ingeniería a través del Laboratorio de Bioingeniería, el Doctorado en Ciencias Sociales, como beneficiarios de tales programas.

Para poner en marcha un tal programa resulta de mucha utilidad, sino indispensable, una larga cooperación entre los investigadores involucrados.  En cada país de la Unión Europea los requisitos de admisión a los programas de doctorado difieren y cada caso debe resolverse por separado. El procedimiento administrativo que hemos llevado a cabo en nuestra universidad implica en primer lugar la firma de un convenio de cooperación amplio entre las dos instituciones y luego se firma un convenio específico el cual permite la realización de los estudios.

Muchos de los doctorados compartidos se desarrollaron a partir de un programa alfa de la Unión Europea. Estos programas de formación de doctores y de intercambio de investigadores fueron implementados en el comienzo de los años noventa. En general solicitaban la cooperación entre dos universidades de América Latina y dos o más universidades europeas. Comprendían en intercambio de estudiantes, el dictado de cursos de doctorado por parte del personal de cada una de las universidades involucradas y la realización de proyectos de investigación comunes. Al finalizar la relación que implicaba el  convenio quedaba como resultado una relación madura que facilitaba el desarrollo de programas de formación compartidos. En nuestra universidad tal fue el caso del doctorado de computación cuyos grupos de investigación mantuvieron un programa alfa que involucró al Instituto Politécnico Nacional de México, la Universidad Central de Venezuela, la Universidad de Edimburgo, la Universidad Politécnica de Cataluña y la Universidad de Paris VI.

Otra buena oportunidad se nos brinda a los países de América Latina con el desarrollo de las becas ALBAN que acaba de ponerse en marcha y que significa un aproximado de 8000 becas en 10 años. A pesar de las críticas, motivadas por los resultados de la primera convocatoria, estas becas pueden ser decisivas por el apoyo que puedan brindar al programa de doctorados compartidos. Dentro de su reglamento está previsto otorgar becas para este tipo de programa, no obstante no está clara todavía la normativa que se seguirá para financiar este tipo de estudio.

  Un caso específico el Doctorado en Matemática.

 Finalizaré señalando una experiencia que conozco de cerca, por mi profesión, y es el caso del Doctorado en Matemática de la Universidad Central de Venezuela. El postgrado en Matemática fue creado en 1975 contemplaba dos niveles: Maestría y Doctorado. Me referiré únicamente al doctorado aunque la situación de la maestría es similar.

En el año de su creación el programa poseía un cuerpo de profesores considerable. Varios de los primeros profesores que habían sido enviados a estudiar en el extranjero ya habían regresado, además contábamos con la presencia de un grupo importante de investigadores provenientes del Cono Sur.   En cuatro años comenzó la cosecha de egresados, siendo el primer doctor en Matemática el distinguido investigador Uruguayo Rodrigo Arocena, hoy profesor del la Universidad de la República del Uruguay.

Como referí anteriormente, las tesis para ser presentadas debían esperar o el veredicto de un arbitro internacional o la aceptación de parte de ella para ser publicada en una revista de difusión internacional.  Desde sus inicios los integrantes del comité académico del doctorado comprendieron lo importante que resultaba la cooperación internacional. Por esa circunstancia desde los primeros años del programa se invitaban un promedio de seis o siete investigadores por año que exponían el contenido de su más reciente investigación  al mismo tiempo que dictaban cursos o seminarios para el doctorado. La colaboración internacional del postgrado se orientaba hacia: Estados Unidos, Europa, Argentina, Chile y Uruguay.

A finales de los ochenta se comenzó a manejar la idea de los doctorados conjuntos, aunque sin la estructura de la doble titulación. Es así como tuvimos doctores conjuntamente dirigidos por investigadores venezolanos y por investigadores de universidades norteamericanas: Northeastern University, Brandais University, universidades francesas: Université de Paris XI, Université de Paris VI, la universidad Eotvos Lorand: de Hungría entre otras. Los doctorados casi siempre implicaban la pasantía de los estudiantes por períodos más o menos largos en los países del extranjero y generalmente implicaban la venida del cotutor a Venezuela. También a partir del año 88 comenzamos a recibir estudiantes franceses que venían a Venezuela a  realizar sus tesis de doctorado aquí en Venezuela.

En los últimos años se han puesto en práctica varios programas de doctorado conjunto, en el sentido señalado en la sección anterior ya pronto estaremos graduando a los primeros candidatos.

         La experiencia de estudios compartidos enriquece de manera importante tanto al estudiante como la relación de cooperación científica entre las instituciones involucradas.  Se hace necesario un esfuerzo sostenido para eliminar las trabas burocráticas y pensar que esta experiencia podría ser adelantada por instituciones de los diferentes países de América Latina, esperamos que este primer Seminario Iberoamericano de Postgrado siente las bases de tan anhelada cooperación.

 

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